“No me quiero enamorar”

Sí, eso.

No quiero sufrir.

No me quiero enamorar,

porque no quiero sufrir.

No me quiero enamorar,

como yo aprendí a enamorarme.

Sí, ese enamorarme que,

en cuanto más sufro,

más validez le daba a mi capacidad de enamorarme.

Ese enamorarme,

para que me ames,

para tenerte,

porque no te tengo.

Ah!

y si digo que no quiero enamorarme,

es al menos por ahora, porque…

Ver ahora mi dolor,

sería lanzarme directo al sufrimiento,

como tan bien he sabido hacer.

Quizás mañana querría enamorarme.

Enamorarme, para ver mi dolor.

Enamorarme, para dejar de ocultarlo,

para dejar de perpetuarlo.

Enamorarme, para dejar de convertir mi dolor en

eterno sufrimiento.

Sí, enamorarme!

Enamorarme para sentir.

Enamorarme por amor.

Enamorarme por el amor de sentir amor.

Sí, enamorarme!

Pa’ poder enamorarme pues.

Y es que, yo sí me quiero enamorar.

¿Cuándo dije que no me quería enamorar?

No es que no me quisiera enamorar.

Es sólo que a veces prefería olvidar,

que el amor nunca duele.

Que lo que duele es el dolor,

el dolor oculto,

el dolor no aceptado,

el dolor no amado,

el amor al sufrimiento.

Porque como dicen por ahí,

el amor y el dolor, sanan.

De ahí que sea,

tan sano sentirlos, no?

¡Ay qué alivio!

Qué alivio siento ahora.

Sí, porque ya por no querer enamorarme,

por no querer sufrir,

ya estaba sufriendo.

Y es que,

¡amo amar!

Amar me sana.

Me es sano amar.

Con amor para tu amor, mi amor.

Nataly

“desde el contenedor mágico” feb 2020

San José, Costa Rica